Experiencias San Sebastián

Participantes

De 2 a 7 persona/s

Precio

2 personas: 575 €

Persona extra: +155 €

Niños (10-17): +85 €

Para grupos mayores de 6 personas contacta con nosotros

Duración

Entre 8h y 9h

INCLUYE

Guía profesional, transporte, especialidades gastronómicas de la región, selección de bebidas, agua.

NO INCLUYE

Comidas, bebidas y entradas que no figuran en el apartado anterior. 

LUGARES

Biarritz, Guéthary, Saint Jean de Luz, Hondarribia

SALIDA

9:00h
 

Sabores del País Vasco Francés

‘Gourmet’ es una palabra francesa porque nuestros vecinos del norte saben algo sobre comer (bien) y beber (muy bien). Nos acercamos hasta la Galia para que nos expliquen algunas cosas sobre sus tesoros nacionales. A saber: quesos, vinos, charcutería y buena vida en general. Acabaremos el día en Hondarribia con unos pintxos. Nada puede salir mal.

Madrugar para embarcarse en una aventura gastronómica por la Côte Basque, una de las zonas más pintorescas de la costa Atlántica, no es duro. Comenzar el día poniendo rumbo a San Juan de Luz para entrar a una quesería, creemos que tampoco lo es.

Affineur, el rey del Queso

El ‘affineur’ es la persona que, una vez recibido el queso de los productores, lo guarda en la tienda hasta que la pieza alcanza su punto de maduración idóneo para la venta. En San Juan de Luz cataremos una selección de quesos especialmente ‘refinados’ por nuestro affineur y los acompañaremos, cómo no, con un buen vino francés de Irulegui.

Macarons y piratas

Protegido por una bahía, San Juan de Luz es un apacible pueblo veraniego y pesquero en el que visitaremos la pastelería Maison Adam donde ¡en 1660! crearon los famosos ‘macarons’. Por aquella misma época navegaba por la zona un tal Johannès de Suhigaraychipi, un corsario francés que apresó más de 100 barcos británicos, holandeses y españoles. De ello también nos hablaran en nuestro paseo por el pueblo, a la vez que visitamos la Iglesia de San Juan Bautista, un templo con un espectacular trabajo en madera policromada y miniaturas de barcos que nos recuerdan cómo se agradecían, antaño, los milagros ocurridos en el mar. 

Preciosa (y estilosa) Biarritz

Biarritz es muchas cosas: la puerta de entrada del surf a Europa a mediados de los años 50, uno de los pioneros del turismo de playa (comenzaron a promocionarla hace ¡200 años!) y uno de los lugares más deseados para ver y dejarse ver. Caminaremos por su paseo marítimo admirando el mar y sus suntuosos hoteles hasta llegar a su faro de 44 metros de altura.

Tesoro nacional

Visitaremos el colorido mercado de Les Halles para tomar el pulso a la vida cotidiana de la ciudad y entrar en contacto con lo más grande que tiene Francia: sus quesos, sus productos de charcutería y sus panaderías/pastelerías. Si has esperado todo el viaje para hacer tu shopping gastro, éste es el momento. Pararemos en el mejor bar del mercado, probaremos las famosas ostras de Arcachon, gambas, caracoles (si es que eres de los que, como nosotros, no sólo nos atrevemos a comerlos, sino que los adoramos), lo acompañaremos de un prodigioso vino blanco de Burdeos (¿Qué vino de Burdeos no es prodigioso, eh?) y cuando parezca que yo no se puede subir más alto, visitaremos un puesto de productos gourmet especializado en charcutería trufada. Sí, leíste bien: c-h-a-r-c-u-t-e-r-í-a t-r-u-f-a-d-a (oh my god).

De vuelta a la tierra de los pintxos

Finalizaremos la ruta en el otro lado de la frontera, más allá del río Bidasoa. La última (o la primera, según se mire) ciudad de la costa española es un lugar privilegiado con mar, río, bahía, montañas, un barrio de pescadores que está a la vanguardia de la cocina mundial (no lo decimos nosotros, lo dice el ¡New York Times!) y un barrio medieval amurallado (y calles no aptas para zapatos de tacón) en lo más alto. En Hondarribia cataremos algunos de los mejores pintxos en uno de los restaurantes más galardonados y ya con el estómago lleno podremos discutir las diferencias entre la cocina vascofrancesa y la vascoespañola. Dudamos que alguna vez encontréis algún motivo de discusión tan suculento. Conclusión: regresaremos a casa con el estómago lleno y la mente bien abierta.

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